30 sept. 2009

Técnicas literarias V: Más dialoguitis

Aquí está... ¡Y anda que no me ha costado! En esta entrada, desarrollaré el consejo de Sergiourra, miembro de prosófagos, y que a raíz de la primera Dialoguitis nos regaló estas palabras:

Hay un tema a tomar en cuenta, al escribir diálogos, que me parece interesante señalar: En la vida real (suponiendo que existe), dialogamos no sólo con las palabras, sino con gestos y, más importante, entonaciones. Es difícil (y algunas veces imposible) recrear esa riqueza sin explicaciones. Se me ocurre un ejemplo:
—¡Hijo de puta! —exclamó X, golpeando enfurecido la mesa.
—¡Hijo de puta! —exclamó Y, riendo a carcajadas con la ocurrencia de Z.
Los personajes usan las exactas mismas palabras, pero no dicen lo mismo (¿o sí?) Eso se entendería fácilmente, sin explicaciones, si viésemos los gestos y escuchásemos el tono (en una peli, por ejemplo), e incluso sólo escuchando el tono (radionovela o similar) Sin embargo, es posible evitar explicaciones o, al menos, reducirlas, dejando en voz de los personajes la responsabilidad de definir el tono. Es decir, el tono, e incluso los gestos, pueden ser "adivinados" por el lector, debido a un contexto que los propios diálogos ayudan a construir. Supogamos: —¡Hijo de puta!
—Me encanta cuando me dices eso. Y tu risa es, sin duda, un festín. Sabemos que Y exclama ¡Hijo de puta! por una ocurrencia anterior de Z. La respuesta de Z ayuda a hacer entender que es una situación distendida. No hace falta describirlo, y queda al lector reconstruir la escena. Debo decir, que siendo no muy amigo de las explicaciones detalladas, ese es el tipo de diálogo que más me agrada. Incluso, prefiero conversaciones "narradas" que diálogos hiperdesarrollados.

Además de este consejo de Sergiourra, que de nuevo hace hincapié en aportar fuerza al diálogo y no sostenerlo sobre muletas con los incisos, os comentaré el resultado de un experimento que se me ocurrió a raíz de otro consejo suyo.

Con respecto a los diálogos, un consejo: Remeda (imita) a la gente. Gente distinta. Vístete de ellos por un rato. Si odias algún tipo de persona, imítala, especialmente el cómo habla. No sé si ésto te sirva. Yo soy un remedador natural, y creo que me ha servido ya que, hasta ahora, no he recibido críticas por los diálogos. En realidad, es de lo que con mayor frecuencia me han dado por aprobado. El resto... Bueno, espero salir de las cojeras.

Conclusión: la idea aquí es escuchar a otras personas, fijarse en sus diálogos reales, y tratar de imitarles, o cuando menos sacar ideas. Un poco a partir de aquí surgió mi segunda dialoguitis, que no es la más acertada en cuanto a contenido (de acuerdo, es floja y trivial), eso sí, me sirivió como ejercicio de esucha y posterior escritura.

Bueno, pues después de una charla entre amigos, de la cual salí bastante irritada (por lo absurdo de la misma y la obcecación del interlocutor) vomité lo siguiente sobre el teclado:

—Definitivamente, te has vuelto loca.
—No seas tan vehemente.
—¡Es que es cierto! ¿Cómo va a estar él enamorado de Nagore?
—Pues… estándolo, Ana.
—¡Pero si ella sale con alguien! ¡Hay que ser imbécil, María!
—¡Le llama mínimo dos veces al día, como a mí!
—¿Has contado los minutos?
—Te digo, Ana, que a él le gusta. María se cruza de brazos y clava la mirada en el suelo. Ana sonríe.
—Declárate ya.
—¿Crees que no he pensado en ello?
—Ni siquiera remotamente.
—Pues no.
—¿Tienes miedo? Eso lo curan los besos.
—¡Deja ya el tema, o te juro que no volveré a dirigirte la palabra!
—Sí, se me olvidaba que Alex está perdida y locamente enamorado de Nagore.
—¡He dicho que…!
—Podrías probar a cogerle la mano en un día de lluvia y arrastrarle debajo de tu paraguas, o tal vez prefieras ir al grano.
—¡Ana!
—Está bien, me callo. Aunque…
—¡ANA!
María y Ana intercambian una mirada. Esta última ahoga una risita.
—Tendré que hablar con él.
Ana saca el teléfono móvil de su bolsillo y marca el número de Alex. Se arrima el aparato a la oreja mientras María trata de arrebatárselo.
—¡Esta me la pagas!
—Alex?
—¡Serás…!
—Alex, María tiene algo que decirte.
La aludida enmudece cuando recibe el teléfono y repara en que está apagado.
—Será mejor que hables tú —dice Ana.
Y sonríe.



Un par de días después de haberla escrito, sentí que mi capacidad empática había mejorado, y que podría trabajar muchísimo más sobre este diálogo (aunque en principio el tema parezca tan absurdo que no merezca la pena). Darle dramatismo, jugar con Ana y María... en definitiva, ha sido un curso gratuíto no sólo de diálogo, sino también de inspiración.

En la próxima entrada retomaré el hilo Odisea Editorial, debido a novedades sobre El Constructor de Muros que creo merece la pena comentar.

Por último, gracias a SERGIOURRA por sus valiosos consejos.

5 comentarios:

  1. Muy buena la entrada naTTs, ¡se aprende un montón contigo! Pues yo, antes, me apoyaba mucho en muletas en los diálogos, pues reconozco que cualquier inciso en los mismo interrumpe su fuerza. Ahora bien, cultivar ese arte no es fácil. Digamos que, son los propios diálogos en la forma en que están contados, construidos, los que pueden liberarse de esas muletas... ¡hay que practicar mucho!
    Me ha gustado mucho el truco que recomienda sergiourra, trataré de observar mejor a mi alrededor para ir guardando en el desván,je,je...
    Una entrada, como siempre, muy interesante.
    Un abrazo.

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  2. Dichosas muletas, ¿verdad Deusvolt? Hasta que no se intenta caminar sin ellas, no se da una cuenta de lo coja que estaba.

    Desde luego, unas cuantas dialoguitis no lo curan del todo. Es muy, muy dificil, y admiro a la gente que obtiene buenos diálogos. A mí me cuesta muchísimo.

    A practicar, me temo =)

    Abrazos,

    naTTs

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  3. Hola Natalia,

    Buena entrada. Los diálogos son el barómetro en la destreza de un escritor. Dominar la técnica es indispensable.

    Te doy un dato que manejamos en la industria: el 99% del rechazo en los manuscritos, se debe a fallas en los diálogos.

    Un cordial saludo,

    Daniel DC

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  4. Daniel:

    Es interesante eso que dices: de nuevo se pone de manifiesto la importancia de los diálogos.

    Al pensarlo fríamente, se encuentra la razón, y es que se requiere un conocimiento de los personajes y una capacidad para plasmar sus emociones que cualquiera no logra a la primera. Y ahí se demuestra, porque en la narración es más fácil poner a las palabras de nuestra parte.

    Habrá que tener cuidado. Confieso que hasta hace bien poco el asunto no me preocupaba, porque no comprendía el alcance.

    Nos leemos,

    naTTs

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  5. Hola Natalia,

    Te recomiendo lo mismo que le dije a Sergio. Por tu bienestar como escritora, es bueno que abras cuenta en facebook; es el portal más grande de relaciones públicas en la Web—cerca de 96 millones de visitas cada mes.

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    Un cordial abrazo y feliz domingo,

    Daniel DC

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